Sin saberlo el circo que monto Chávez ayudo a operación Jaque

“¿Será que nos van a volver a poner de payasos en un nuevo circo? No me quiero prestar para eso”, fue el pensamiento que pasó por la mente de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, rescatada el miércoles, ante la llegada de dos helicópteros blancos de una aparente “misión humanitaria” conformada por “unos señores con unos logos y unas cosas que los certificaban de delegados de no sé qué cosa”.

Su razonamiento era justificado: a sus ojos se presentaba una escenificación similar a la que hace siete meses había logrado la entrega de Clara Rojas y Consuelo González, también secuestradas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Franelas alusivas a Ernesto “Ché” Guevara por parte de los miembros de la misión, reforzando un carácter ideológico de apoyo a la guerrilla, helicópteros pintados de blanco y un despliegue de cámaras de video simulaban la teatralidad con la que el Gobierno venezolano había desarrollado el canje, seis meses antes.

Lo que ni Ingrid, ni los estadounidenses, ni los militares secuestrados podían saber era que en esta oportunidad el presidente Chávez no había intervenido, al menos, no directamente. Esta vez el modus operandi cumplió una doble función en el rescate; a la vez que permitió que los colombianos pudieran montar la segunda fase del rescate (la primeraimplicó el logro de la infiltración y la confianza en el secretariado de las FARC), los guerrilleros, por su parte, se creyeron el cuento hasta el final por sus similitudes con la operación de enero.

El día había comenzado casi como siempre: Radio Caracol sintonizada, los secuestrados escuchando los mensajes radiales de sus familiares y la notificación de Gerardo Aguilar alias “César”, el custodio, de que esa tarde emprenderían un nuevo viaje, lo que tampoco era novedad para Ingrid y los demás secuestrados después de años como obligados nómadas en la selva colombiana.

La llegada a un punto previamente acordado entre “César” y un grupo de guerrilleros presuntamente enviados por el mismo “Alfonso Cano”, actual líder máximo de las FARC, también sucedió de la manera acordada y como lo había hecho cuando los guerrilleros entregaron a Rojas y González.

Dos helicópteros blancos, uno de los cuales aterrizó en el departamento del Guaviare, ocupados por dos tripulantes y otros cuatro pasajeros que se hacían llamar miembros de una misión internacional y guerrilleros. No había razones para que los subversivos dudaran de la misión, ante su similitud con el procedimiento realizado meses antes, incluso en el despliegue mediático que parecía dársele.

Sin embargo, ya a 2.500 pies de altura, la frase “Somos el Ejército de Colombia. Ustedes están libres” y la neutralización de los guerrilleros le hizo ver a los insurgentes que la misión, contrario a lo que parecía, no era una iniciativa de su amigo, el presidente venezolano.

Esta vez, Chávez no pudo anunciar, grandilocuente, que conocían las coordenadas en las que sería liberada Ingrid Betancourt.

Esta vez tampoco Rodríguez Chacín pudo decirle a los guerrilleros “Mantengan ese espíritu, mantengan esa fuerza y cuenten con nosotros”, como había ocurrido meses atrás. No pudieron hacerlo, sencillamente, porque desconocían la misión en su totalidad aunque, sin saberlo, habían dado pauta al ejército colombiano sobre cómo llevarla a cabo.

Sin proponérselo, Chávez ofreció, una valiosa ayuda al Gobierno colombiano para preparar una operación a imagen y semejanza de las desarrolladas por el “líder de la revolución messma” con anterioridad. La parafernalia que dejaron las dos misiones previas de liberación efectuadas por Venezuela, permitieron a las Fuerzas Armadas del vecino país disponer de suficientes elementos para ejecutar una puesta en escena convincente. Nadie sabe para quien trabaja.

Fuente: David Ludovic Jorge, TalCual vía A Través de Venezuela

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