Si alguien va a perder en noviembre es nuestro querido líder, aunque nadie es pendejo para creer que no se intentará jugar sucio. Uno se aterra de sólo ver la cara de cínicos que tienen algunos funcionarios de las instituciones que deberían ser autónomas, y no lo son, y de quienes lamentablemente dependen decisiones tan importantes para el futuro de nuestras vidas, de nuestros hijos y nietos.

Uno se pregunta: ¿a estas grises y vergonzosamente sometidas personas no les dará pena? ¿Es que no han pensado que mañana van a llorar de vergüenza, aparte de que nadie les va a creer arrepentimientos tardíos? Mañana siempre es muy tarde cuando están en juego cosas tan importantes como la moral y la patria. Mañana, incluso, va a ser muy tarde para ellos porque nadie les va a creer que no sabían lo que estaban haciendo ¡Avisado que sí lo saben! Pero ojo y requete ojo, hay una enorme posibilidad democrática de derrotar a nuestro querido líder y no sólo de derrotarlo electoralmente, sino de enseñarlo a respetar a Venezuela y al mundo.Es la verdadera oportunidad de callarlo más contundentemente de lo que lo hizo callar el rey.

La derrota del 2D pasado va a ser una bobería comparada con lo que puede venir el 23N.

Siempre he sido y seré optimista, sea cual fuere la circunstancia, claro que este optimismo, esta vez, depende mucho de que los amigos de la oposición, o sea, nosotros y los políticos líderes de la resistencia, se dejen de necedades y de una vez por todas cierren filas en torno a cualquiera de los candidatos. Sí, a cualquiera. Es decir, cualquiera que quede como candidato opositor sirve. No importa cómo se llame o si es hombre o mujer.

Sirve, porque es la forma de no darle la oportunidad a un títere mediocre, robotizado y vestido de rojo.

Un día lo escribí: vamos todos en un barco que se está hundiendo. Hay que saltar al mar y aparece una única balsa en donde vienen algunos pasajeros, entre ellos hay sobrevivientes bonitos, antipáticos, feos, inteligentes y brutos, pero qué importa, es la única balsa.

Sería ridículo y suicida que alguien en esta emergencia diga que el color de esa balsa no le gusta, o que hasta que no se baje fulano o zutano no se monta. No contento con eso, este hipotético personaje se apodera de un remo y no deja que los demás pasajeros que están flotando, a punto de ahogarse, se monten o se acerquen a la balsa.

Es momento de hablar clarísimo. No hay más tiempo para estar inventando vainas raras y absurdas. Aprovechemos que el capitán está demente y que el barco se le hunde.

Vamos todos a montarnos en la única balsa que nos queda y, cuando lleguemos a tierra, si eso es lo que queremos, nos caemos a golpes, no nos hablamos más o hacemos una encuesta para ver quién es más bonito o más feo. Pero, por favor, no ayudemos al capitán a inflar su remendada balsa, ya que en medio de su locura él mismo la sigue espichando.

En fin, claro y raspado, el 23 de noviembre tenemos que ir a votar. Los que no quieran hacerlo, cualquiera sean sus argumentos, causas o razones, por favor ¡cállense la boca! que ya anteriormente bastante daño han hecho.

Es un crimen imperdonable desanimar a los votantes.

El enemigo es grande pero no lo quieren ni en su casa; además, esta vez, nosotros, unidos, somos mayoría.

Fuente: Vía Venezuela Noticia

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