Fuente: Fabiola Sanchez, AP/El Nuevo Herald.com

militarismo1EL CHARCOTE, Venezuela — De los pastizales extensos y cuidados con centenares de reses de la mejor raza que conformaban hace cuatro años las 12.950 hectáreas del hato El Charcote, hoy solo queda el recuerdo. Las llanuras verdes han sido invadidas por una maleza anárquica y una que otra pequeña parcela donde a duras penas sobreviven sembradíos reducidos de maíz y frijoles.

Aunque el presidente Hugo Chávez sostiene que en sus 10 años de “revolución” ha emprendido acciones importantes con inversiones millonarias y las expropiaciones de cerca de 2.250.000 de hectáreas para convertir a Venezuela en una “potencia” agrícola, el vertiginoso crecimiento de las importaciones de alimentos dan cuenta de un país que es altamente dependiente del exterior.

Chávez defiende el éxito de su “revolución” asegurando que la superficie cosechada en el país ha crecido 45% para ubicarse en 2.375.000 hectáreas en 2008. Las importaciones de alimentos, sin embargo, se han más que quintuplicado, al pasar de 1.300 millones de dólares en la década de 1990, a 7.500 millones de dólares al cierre de 2008.

“En los últimos años ha habido un cambio en el patrón de importación, y ese cambio es el que explica ese salto de 75 dólares por persona al año, que fue el promedio durante mucho tiempo, a 267 dólares por persona año, que es el actual”, afirmó Carlos Machado Allison, profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) en área de sistemas agroalimentarios.

A cuatro años de la expropiación que realizó el gobierno de Chávez del hato El Charcote, en el estado central de Cojedes, son pocos los resultados que puede exhibir la “revolución socialista bolivariana” en esas tierras que fueron consideradas en 2005 como una de las insignias de la “verdadera reforma agraria” en Venezuela.

De producir en la década de 1990 cerca de 1.200.000 kilos de carne al año, hoy en El Charcote “no se produce ni una res”, afirmó el consultor agrario, Pedro Piñate.

Piñate dijo a la AP que la producción agrícola que hay en El Charcote es sólo de “subsistencia”, y se limita a una mínima producción de maíz, frijoles y algunas frutas y hortalizas como el melón y el tomate.

En un recorrido que realizó en abril por los terrenos que fueron parte del hato, The Associated Press constató que en lugar han sido instalados varias decenas de pequeñas parcelas, de unas 15 hectáreas cada una, donde algunos pocos tienen pequeños sembradíos de maíz y frijoles.

De acuerdo con cifras oficiales, al cierre de 2007 de El Charcote salieron 750 toneladas de maíz blanco y otras 414 de maíz amarillo.

Algunos de los lugareños entrevistados por la AP dijeron que la baja productividad de las tierras se debe a la falta de organización de los concejos comunales, la lentitud en la entrega de los créditos públicos, la deficiencia en los servicios de agua y luz, y a que buena parte de la personas que recibieron los terrenos del gobierno ni siquiera los habitan y los alquilan a campesinos que laboran en precarias condiciones.

“Aquí al campesino se le dio las parcelas, muy bien, pero no nos dieron las soluciones para que esas 15 hectáreas que nos dieron a cada parcelero sean un bienestar”, dijo Luis Emiro Gómez, un indio wayú de 53 años, al quejarse de la falta de asistencia crediticia, implementos y servicios públicos para levantar su producción de maíz en las quince hectáreas que le dio el gobierno en El Charcote.

En su humilde vivienda de láminas de zinc, piso de tierra y alguno que otro afiche de Chávez que sirve de pared, Gómez vive junto con sus tres hijos de nueve, 14 y 18 años, sin agua ni electricidad.

Gómez denunció que muchos de los beneficiarios de los terrenos de El Charcote “tienen las parcelas para vender” y son personas de “dinero”, que ni siquiera viven en el lugar. “Si la idea era que las parcelas eran para los campesinos ¿para qué las están vendiendo a la gente que tiene?”, acotó.

Hiram Gaviria, ex ministro de Agricultura y ex embajador de Venezuela en Francia al inicio del gobierno de Chávez, declaró a la AP que la situación de “desolación” de El Charcote se repite en cada uno de los hatos que ha expropiado la actual administración.

“Este gobierno lo que ha hecho es estimular la agricultura de puertos,… a costa de la destrucción del aparato productivo nacional”, sostuvo Gaviria, quien pasó a la oposición en el 2001 en desacuerdo con la política agraria de Chávez.

Juan Carlos Loyo, presidente de organismo estatal Instituto Nacional de Tierras (INTI), admitió que las dificultades que enfrenta El Charcote y algunos de los habitantes de ese lugar revelan la existencia de fallas en el proceso, pero atribuyó las deficiencias a la “forma de organización social”, y a algunos casos de “mercantilización de la tierra”.

“Sabemos que tenemos muchos casos en donde el proceso de activación productiva ha costado… No es lo mismo comparar 200 años de explotación a cuatro o cinco años de luz. Y en esos cuatro o cinco años de luz, bueno, ha sido un proceso de lograr que la gente vaya avanzando, construyendo, y es un proceso que tiene mucho de experimentación”, agregó.

Loyo indicó que para atender la situación de El Charcote, el gobierno promoverá entre los “diez parceleros” del hato la constitución de un “consejo campesino” que asumirá “la gobernabilidad” de las tierras en desuso, e iniciará su activación.

Mientras buena parte de las tierras de El Charcote permanecen repletas de maleza y sembradíos quemados, las tres hectáreas que alquiló José Nausa, un campesino colombiano de 37 años, a un “parcelero” de la zona para sembrar maíz, resaltan sobre el resto de los terrenos aledaños.

Nausa, quien llegó a Cojedes hace tres años huyendo de la violencia en Colombia junto a su mujer y un niño de dos meses, siente que el camino andado desde que llegó a El Charcote ha sido duro, pero asegura estar feliz porque aunque no tiene tierras, “lo importante es trabajar”.

Ataviado con una de las característica franelas rojas de las misiones gubernamentales, Nausa no ocultó su simpatía por el proceso político que encabeza Chávez.

“Esto (la revolución bolivariana) beneficia al pobre y a la clase media. Al que no beneficia es a la clase alta. Tenemos salud y educación gratis. Lo que se lucha (por ganar) allá (en Colombia) es lo mismo que Chávez reparte acá”, agregó.

Loyo descartó que el vertiginoso crecimiento de las importaciones de alimentos pueda empañar el avance de la “revolución agraria”, y sostuvo que las compras en el exterior se han elevado gracias a que “tienes ahora a millones de hogares que superaron la línea de pobreza”.

Al evaluar las razones del salto de las importaciones de alimentos, Machado Allison expresó que esa situación viene dada por la baja producción interna, que no compensa la fuerte demanda; el crecimiento poblacional de unos 5 millones de personas en la última década, que ha llevado la cifra de habitantes a 28,7 millones, y el aumento del consumo que se dio entre 2004 y 2008 gracias a la mejora del ingreso per cápita.

A pesar del caudal de importaciones y la oferta local, la demanda interna no ha podido ser satisfecha, situación que se ha reflejado en la aceleración de la inflación que cerró el año pasado en 30,9%, la más alta de la región por tercer año consecutivo a pesar del control de cambios y de precios que está vigente desde 2003.

Sin bien la administración de Chávez ha logrado levantar la producción de rubros tales como el maíz y el pollo, en el caso de la carne de res, la leche, caña de azúcar, las frutas, se han dado significativos descensos, sostuvo Machado Allinson.

En la última década la producción de carne de res pasó de 550.000 toneladas a 350.000 toneladas al año, lo que ha llevado a Venezuela de ser un país que se autoabastecía de carne en 1998 a “importar cerca de la mitad de lo que se consume” en la actualidad, indicó el académico.

Machado Allinson atribuyó la baja en la producción de carne de res a la situación de “inseguridad jurídica” que han alentado las masivas expropiaciones de tierras, y el auge delictivo que enfrentan los ganaderos.

Loyo dijo que es “totalmente mentira” que las expropiaciones hayan desalentado las inversiones en el sector agrícola, y señaló que una muestra de ello es que “en materia de créditos agrícola uno ve incremento”.

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