Mario Linares estaba durmiendo cuando por su casa pasaron ómnibus llenos de soldados. A la mañana siguiente, se despertó con la noticia de que los hombres estaban tratando de derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez.
Desde la mayoría de los puntos de vista, el intento de golpe de Estado de 1992 fue un fiasco. El joven cabecilla de la rebelión nunca llegó al palacio presidencial. Cientos de soldados fueron a la cárcel y más de 30 personas murieron, entre ellos civiles.
Hoy sábado, el líder del malogrado levantamiento, el presidente Hugo Chávez, celebra el 20 aniversario del golpe fallido con un desfile militar frente a los presidentes de Bolivia, Cuba y Haití.
El desfile —que incluirá a más de 12,000 soldados y una procesión de tanques y aviones de guerra— corona una semana de eventos a nivel nacional en conmemoración de la fecha conocida aquí como 4-F. Sin embargo, en la políticamente polarizada Venezuela, la celebración está siendo criticada.
“Yo no entiendo cómo pueden hacer un desfile”, comentó Linares, de 58 años, quien vive en el barrio obrero del Monte de Piedad. “Ellos no estaban tratando de derrocar a un dictador. Ellos estaban tratando de derribar un gobierno elegido democráticamente, y muchas personas inocentes murieron”.
Chávez acabó consiguiendo la presidencia a través de las urnas en 1998. Pero, para el presidente y sus seguidores, 4-F fue el comienzo de su “revolución socialista”, y un punto de giro histórico.
En esa época, Venezuela sufría una inflación récord y una delincuencia desenfrenada. Cuando la impopular administración de Pérez anunció una serie de medidas de austeridad en 1989, provocó los disturbios conocidos como El Caracazo. Se convocó a las fuerzas armadas y más de 1,000 personas perdieron la vida. Chávez, una estrella naciente de las fuerzas armadas, ya estaba conspirando para derrocar al gobierno, pero le tomaría otros cuatro años para llevar a vías de hecho sus planes.
“Ellos casi arruinaron este país, hasta que el pueblo se sublevó y nosotros nos sublevamos con el pueblo el 4 de febrero de 1992”, dijo Chávez a los cadetes el mes pasado. “Y fue entonces que comenzamos esta nueva historia. Entonces fue que comenzó la resurrección del país. Por eso es que nunca nos perdonarán, y por eso es que no queremos su perdón”.
La celebración de 4-F tiene lugar en un momento en que una coalición de partidos de oposición se prepara a celebrar elecciones primarias la semana que viene para determinar quién se enfrentará a Chávez en octubre. Glorificar un golpe de Estado en medio de una temporada de elecciones parece evidenciar cierta sordera, declaró Henrique Capriles Radonski, gobernador del estado de Miranda y el principal candidato de la oposición.
“Al gobierno se le olvida que ganó la presidencia a través de los votos”, dijo durante un acto reciente de su campaña en Zulia. “Tal vez a ellos les hubiera gustado llegar ahí por medio de un golpe de Estado, porque entonces no tendría que enfrentar las elecciones”.
En grandes pantallas de video por todo Caracas se muestran imágenes del joven Chávez en el momento en que salió en la televisión nacional para pedir a sus compañeros de conspiración que depusieran las armas.
Fue uno de los discursos más breves y más importantes de su carrera. En el mismo, Chávez se presentó a sí mismo ante Venezuela y asumió la responsabilidad por el levantamiento.
“Desafortunadamente, no cumplimos los objetivos que nos propusimos… por ahora”, aseguró.
La imagen del idealista oficial con su boina roja –que se convertiría en su señal distintiva– lo convirtió en un fenómeno nacional y lanzó su carrera política. Según su biografía, Hugo Chávez sin uniforme, eso molestó además a los demás conspiradores del golpe de Estado, quienes no estaban de acuerdo con la rendición y consideraron que Chávez estaba tratando de sacarle partido a la rebelión.
De pie en el resplandor de la imagen transmitida una y otra vez, Angel David Muñoz, de 36 años, dijo ser un ardiente partidario de Chávez y probablemente vuelva a votar por él.
“Este es el primer gobierno que ha hecho algo por los pobres”, explicó. Pero le pareció disonante celebrar un golpe de Estado fallido, dijo. “Se puede hacer un servicio de recordación por los muertos, tal vez”, comentó. “Pero no es una fiesta, es un velorio”.
En el sentido histórico, F-4 no tuvo nada de particular, según Agustín Blanco Muñoz, historiador de la Universidad Central quien ha entrevistado muchas veces a Chávez.
“La historia de Venezuela presenta continuos intentos de golpes de Estado”, afirmó. La nación ha visto por lo menos siete golpes de Estado exitosos y varios fallidos, incluyendo un intento de derrocar a Chávez en el 2002.
Pero, a través de los años, 4-F se ha convertido en un punto central de la mitología de Chávez, explicó.
“Fue ahí que él empezó a venderse a sí mismo como el nuevo libertador o emancipador”, dijo Blanco. “Esto es parte de la propaganda del gobierno para aumentar su aura de heroísmo”.
Chávez ha cultivado además una imagen de persona indispensable a las fuerzas armadas. Durante un evento para marcar sus 13 años en la presidencia celebrado el jueves, Chávez advirtió a las fuerzas armadas que la oposición quería reformarlas.
“Ellos no entienden que las [fuerzas armadas] llevan a Chávez en su corazón y que Chávez las lleva en su corazón”, dijo. “¿Cómo van a limpiar a [las fuerzas armadas]… de patriotismo? No pueden hacerlo. Olvídenlo”.
El museo militar en lo alto de una colina, donde Chávez vio rotos sus sueños de un golpe de Estado, se han convertido en una base militar llamada 4 de Febrero.
A pesar de la presencia militar, el barrio continúa agobiado por la delincuencia, aseguró Linares. Minutos después de la entrevista, un trabajador cercano fue apaleado con un bate de béisbol a pocas yardas del puesto de control militar.
El viernes, había trabajadores pavimentando las calles y pintando las paredes en el barrio de Linares para la celebración del F-4.
Uno de los beneficios del golpe de Estado es que su barrio está recibiendo una cirugía estética, dijo. “Si el área luce mejor, tal vez más personas la visitarán”.

