A los fastos castrenses acudieron Raúl Castro, Evo Morales, Daniel Ortega… y Sean Penn

Flanqueado por un caballo blanco como el de Simón Bolívar, pero a bordo de en un coche descapotable blindado, el comandante Hugo Chávez recorrió ayer triunfante los 500 metros de la avenida de Los Próceres de la independencia, hasta llegar a la tarima donde le esperaban los mandatarios del ALBA (alianza de países más o menos ligados a Chávez) para celebrar el veinte aniversario de su fallido golpe de Estado. Los presidentes de Cuba, Raúl Castro; Nicaragua, Daniel Ortega; Bolivia, Evo Morales, y Haití, Michel Martelly; el actor Sean Penn, su Gobierno y unos 20.000 simpatizantes le dieron la bienvenida para presenciar el desfile cívico-militar. Los fastos para conmemorar su asonada militar del 4-F fueron bautizados por el Ejecutivo como el «Día de la Dignidad Nacional». Y es que Chávez está muy orgulloso de su pasado golpista.

Sus aliados de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) viajaron a Caracas para participar en la XI Cumbre que se celebra este fin de semana, y de paso respaldar el historial golpista del presidente venezolano.

Vestido de civil, el mandatario arengó a los soldados y reivindicó su intentona golpista diciendo que «la oligarquía criolla estaba subordinada al imperialismo hace veinte años». Pero ahora, gracias a su Gobierno, «la patria grande y socialista está liberada. Y los soldados son patriotas y revolucionarios».

El fastuoso desfile militar mostró las últimas adquisiciones de armamento ruso, que a Venezuela le han costado unos 11.000 millones de dólares. La exhibición de fuerza incluyó los tanques T-72, los blindados BMP-3 y 80, el lanzamisiles S-300, obuses autopropulsados y lanzacohetes. El cierre lo puso una exhibición de aviones de guerra rusos. Raúl Castro se mostró visiblemente satisfecho, como si recordara los desfiles militares en La Habana con el mismo armamento soviético de hace 50 años.

Condena de la oposición

La oposición, sin embargo, no quería que el desfile del 4-F se convirtiera en un acto heroico y victorioso. Diversos sectores manifestaron su repudio y condena. Desde el exministro de Defensa Fernando Ochoa Antich —quien frenó al teniente coronel golpista y le obligó a rendirse con su famosa frase de «por ahora»— a políticos y precandidatos presidenciales. La sociedad civil respondió con una «cacerolada» a última hora de la tarde. La oposición parlamentaria, en la voz del diputado Carlos Berrizbeitía, denunció que Chávez ha gastado más de 4,5 millones de dólares para contratar un millar de autobuses y trasladar a las 20.000 personas que presenciaron el desfile.

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