Bogotá.- Si nunca vuelven las oportunidades perdidas, no tendrá Venezuela lágrimas para verter por las que perdió en estos años en los que Hugo Chávez despilfarró la mayor bonanza petrolera de su historia, y acaso la última para esta generación.
Nunca ha sido tan pobre la nación hermana como ahora, cuando debió ser más rica. Cuando pudo convertirse en una potencia en los biocombustibles, para abrirle alternativas a una riqueza petrolera, inmensa pero que fatalmente se agotará; cuando pudo crear un polo de desarrollo industrial gigantesco, para penetrar en su provecho el cercano mercado de los Estados Unidos; cuando pudo ser el centro del desarrollo energético, tecnológico y ambiental de América Latina; cuando pudo situarse a la cabeza del enriquecimiento humano de este continente, Venezuela ha malgastado cuanto le dio la Providencia en todas las torpezas, los excesos y las corruptelas de este dictador de opereta. Ver artículo completo »

Cuando una parte mayoritaria de la sociedad venezolana consideró que un oficial golpista, de pocas luces y afán exhibicionista, podía regir el destino de la nación, amarró el carro de ésta a los bueyes de la ilegalidad y el sobresalto. Porque mal podía pensarse que una prolongada conspiración y un golpe de Estado eran los antecedentes más idóneos para un líder que, además, no podía jactarse de logros académicos ni mayores méritos en su hoja de servicio. Debemos afrontar la verdad: al votar masivamente por Chávez, hombre ruidoso y mediano, de talante rústico, conocido por dar un rodeo a la institucionalidad y a su uniforme, el país selló su disposición a irse por atajos. 
